El Atlético cae en Bilbao y deja en bandeja el título de Liga al Barcelona

Primero falla en el control, después no se impone en el cuerpo a cuerpo ante un futbolista mucho más liviano y por fin se queda parado esperando que el colegiado pite una falta que no va a pitar… Giménez despacha un catálogo de errores y al Athletic, puesto en la tesitura, no le queda otra que construir el primer gol del partido (2-0), Raúl García para Córdoba, Córdoba para Williams, Williams a la red. Apenas falta un cuarto de hora para el final y hasta ese momento la segunda mitad del Atlético ha resultado potable, pero la tropa del Cholo vive uno de esos momentos en los que charco que haya es charco que pisa. Un rato después aún aparece Kodro, que en su primera acción termina rematando a puerta servido por Ibai. El disparo se envenena hacia la red y hacia el éxtasis definitivo de San Mamés, desviado involuntariamente… por Giménez. Apunten una a Garitano, por cierto: sus hombres de refresco resultan decisivos.

En realidad el Atlético juega en Bilbao como podía haber jugado en calle Melancolía. Algo se rompió en Turín y va a costar recomponerlo… suponiendo que sea posible. Al tridente, por ejemplo, se le va el partido sin disparar una sola vez a puerta. Había truco en la figura, en todo caso, porque Griezmann se desempeña buena parte de la tarde como interior y porque, al fin y al cabo, Simeone ha tirado de ellos porque de otros no podía tirar. En el banquillo, junto a futbolistas del filial, apenas languidecen CorreaLemar y Kalinic. El primero y el segundo salieron especialmente señalados de Turín, así que exponerlos se antoja especialmente osado, mientras que al tercero ni se le espera. Así pasa, que el Atlético sólo hará un cambio: el del argentino. Los tres llegan a calentar, eso sí, y mientras lo hacen se produce la expulsión del preparador físico rojiblanco: se supone que debería estar pendiente de sus jugadores, pero está pendiente del colegiado. ¿Qué más quieren que les digamos?

También es verdad que si Griezmann no llega a buscar puerta en una de las acciones anteriores al descanso es porque Yeray se lo lleva por delante justo cuando arma el disparo. Si no es penalti, lo parece. También es verdad que si Morata no llega a buscar puerta en una de las acciones posteriores al descanso es porque San José se lo lleva por delante justo cuando arma el disparo. Si no es penalti, se reclama. Por ahí encuentra el Atlético motivos para la queja. En la continuación de la primera acción, a todo esto, Rodrigo se gana una tarjeta por frenar a Raúl García de aquella manera. Es la quinta y se perderá la visita a Mendizorroza. A perro flaco…

Precisamente la presencia sobre el pasto del 22 del Athletic, ex del Atlético, resulta la peor medicina que puede recetarse contra la tristeza visitante. Como además se ha llegado a dudar de su determinación en estos litigios entre presente y pasado, que ya es dudar, Rulo se afana por estar en todas. Terminará estando en la primera diana, terminará retirándose aclamado. En clave visitante, cualquier tiempo pasado fue mejor. Poco fútbol se ve en San Mamés, arrojo sí, y apenas una ocasión para el relato antes del intermedio, la que nace de un saque de banda cuya defensa consideran innecesaria Koke y Saúl, de modo que De Marcos se la pone a Williams con las manos para que éste habilite a Ibai con el pie. La volea posterior provoca la estirada de Oblak, que no aparece hasta que tiene que aparecer.

Lo que no tiene sentido alguno es alinear dos arietes poderosos como Costa y Morata para no poner un solo centro lateral. Precisamente la debacle continental pudo servir como referencia en ese sentido, por lo que hizo la Juve, se entiende, pero ni por ésas. El segundo acto aún requiere dos intervenciones del meta esloveno, disparo de Williams, cabezazo de Muniain, más allá de que el Atlético viva en el balcón del rival sin atreverse a penetrar en sus dominios. Lo más peligroso, de hecho, es un autocabezazo de Núñez. Así, hasta que Giménez se aturulla para descorchar otro partido que deja al Atlético con aspecto pánfilo. Perjudicado por terceros, sí… pero sobre todo perjudicado por sí mismo.

Marca.com

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